RESUMEN HISTÓRICO
El Real Sitio de San Fernando de Henares tiene su origen en la renovación económica que se produce en España durante el siglo XVIII. La producción industrial española era insuficiente y el comercio colonial se hallaba en manos de extranjeros, estos factores provocaron la intervención de la Corona que se ocupó de la inversión económica y de la creación de nuevas industrias.
En este contexto histórico, Felipe V dispone mediante un real decreto fechado el 29 de junio del año 1746 la compra del lugar de Torrejón de la Ribera para el establecimiento de una fábrica de paños superfinos, este fue uno de sus últimos actos de gobierno ya que moriría pocos días más tarde. El nuevo monarca Fernando VI toma posesión del lugar el 30 de agosto y nombra como gobernador del mismo a Ventura de Argumosa, conocedor de las modernas técnicas de producción textil de los países europeos.
Reinando en las Españas don Fernando el Sexto y siendo gobernador don Teodoro Ventura de Argumosa, caballero de la Orden de Santiago y Caballerizo de S. M. año de 1748.
Se inician las obras constructivas de una nueva ciudad, siguiendo un esquema radiocéntrico, se diseña un gran edificio cuadrangular que constituirá la sede de la fábrica y la residencia del gobierno de la población. En el centro de la edificación habrá un gran patio interior de enormes dimensiones que permitirá la realización de las operaciones propias de la fabricación de paños, al tiempo que dará luz al interior. Los sótanos serán destinados a almacenes. Las alas y cuerpos laterales del edificio corresponderán a la fábrica y el centro a las habitaciones del gobernador.
En la actualidad el único fragmento que sobrevive del edificio de la fábrica es una parte de la fachada principal, en su centro, una cartera, labrada en piedra, de la que forma parte la clave del arco de la puerta principal que nos ofrece los principales datos fundacionales:
Rodeando la fábrica se construyen dos manzanas de casas que configuran una plaza cuadrada. Un total de treinta y dos viviendas, de cuatro habitaciones cada una, distribuidas en dos plantas y buhardillas. Esta plaza se une a otra circular por medio de una calle, en la actualidad la calle Libertad.
En la plaza circular se planearon ocho calles y se construyen dos manzanas de catorce casas de cuatro habitaciones, en planta baja con buhardillas y patios trapezoidales. En esta segunda plaza estarían emplazados los edificios destinados a iglesia y ayuntamiento de la población. A mediados del siglo XIX, se instala en el centro de esta plaza para su embellecimiento una estatua del rey Fernando VI, que se hallaba sin destino en el Palacio Real de Madrid, en su pedestal figura la fecha del 21 de marzo de 1844.
Algunas de las edificaciones de la plaza cuadrada serán utilizadas para albergar el abastecimiento preciso para el abastecimiento de la población. El Real Sitio poseerá lonja, carnicería, taberna, mercería y botica, construyéndose bodegas para el almacenamiento de los víveres y otras mercancías que en ellos serán almacenados. También se instalará una cárcel y un cuerpo de guardia.
El creador del proyecto de la nueva ciudad es aún desconocido, aunque por su similitud con otros edificios y poblaciones industriales realizadas a lo largo del siglo se puede intuir que su trazado estuvo a cargo del Real Cuerpo de Ingenieros Militares, creado por Felipe V y autores de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla y la de paños de Guadalajara.
ECONOMÍA HISTÓRICA
A la vez que se llevan a cabo las obras constructivas, Ventura de Argumosa viaja por Europa reclutando trabajadores, franceses, expertos maestros prensadores; irlandeses, especialistas en la fabricación de sombreros y de paños superfinos; y holandeses, conocedores de las manufacturas de terciopelos, lienzos y papel. Estos trabajadores viajan a España con sus familias y sus instrumentos de trabajo, a cambio de un salario ejercen y enseñan sus oficios en nuestro país.
Para completar el abastecimiento de la población se diseña la implantación de diversos cultivos. Al Real Sitio se traen álamos, chopos y árboles frutales de muy variadas especies. En las tierras de secano se plantan olivos y vides, introduciéndose cultivos con finalidad industrial, como el lino, la gualda o la morera para la elaboración de la seda. La vega se organiza de forma racional, la disposición de los árboles frutales forma calles y plazas. Para regar los cultivos se aprovechan las aguas del río Jarama, construyéndose presas, acequias y estanques.
A pesar del enorme esfuerzo planificador, la fábrica no alcanza a cumplir los objetivos para los que fue creada. La conjunción de una serie de factores provocarán el fracaso de la misma. Los trabajadores extranjeros enferman en su mayor parte debido a problemas de aclimatación al nuevo medio y alimenticios; no se consigue el autoabastecimiento y los precios de los tejidos son demasiado elevados. En el año 1753 las instalaciones de la fábrica se trasladan a Vicálvaro, permaneciendo en el Real Sitio los almacenes, batán y tinte. En 1755 el Rey aprueba que los cinco Gremios Mayores se encarguen de la venta de los productos de las fábricas de San Fernando, Guadalajara y Brihuega pero los problemas no se solucionan y en el año 1768 se transfiere la fábrica de San Fernando desde Vicálvaro o Brihuega, manteniendo el mismo nombre.
En el año 1758 se comienzan las gestiones para el arrendamiento de la propiedad a Juan Antonio Villanueva y Picó quien pretende reconvertir la actividad industrial en agrícola, contando para ello con expertos de Granada, Valencia y Murcia. El arrendamiento comienza en 1761 y se excluyen de él el batán, lavadero y tintes que se encontraban en la vieja población de Torrejón de la Ribera y habían sido cedidos al gremio de paños. Villanueva recibe el cargo de gobernador y el edificio de la fábrica se divide entre este y el gremio de paños. A pesar del nuevo impulso dado por Villanueva el lugar pasa en 1763 de nuevo a la administración del Estado, bajo la dirección de Esquilache, secretario de Estado y del despacho Universal de Hacienda, nombrándose al hermano de Villanueva como gobernador del Real Sitio.
DE FÁBRICA DE PAÑOS A HOSPICIO
En el año 1766 el conde de Aranda decide la transformación de la fábrica de San Fernando en hospicio. En el siglo XVIII la organización de la beneficencia se plantea como un serio problema en el seno de la sociedad española. El ejercicio de la limosna fomentaba el ocio y el aumento del número de mendigos. Surge en estos momentos la idea de crear casas hospicio, como centros oficiales de recogida de pobres y mendigos donde se les enseñe un oficio haciéndoles de nuevo útiles para la sociedad.
El conde de Aranda nombra a Pablo de Olavide director del hospicio y administrador del Real Sitio. Olavide fija la capacidad del establecimiento en mil personas recogidas, proponiendo como oficio de aprendizaje el del hilado, aprovechando los tornos cedidos por los directores de las fábricas de Vicálvaro. Olavide cae enfermo el mismo año de su nombramiento a causa de un envenenamiento por setas y tras reponerse es nombrado subdelegado de rentas en Sevilla, por lo que le sucede en el cargo Nicolás de Rivera que lo ocupa hasta 1770. A partir de ese año se establece una Junta de Gobierno para la dirección del hospicio.
Entre 1770 y 1794 se hace cargo de la dirección del Real Sitio José de Almarza que activa la vida del lugar, establece una fábrica de papel, transforma el batán en molino harinero, repara la cañería que abastece de agua al hospicio, y reconstruye la presa del río Jarama. En los primeros años del siglo XIX se acrecientan las posesiones del Real Patrimonio. En 1804 Godoy vende a Carlos IV el soto de Aldovea, los sotos de Galapagar, Vaciabotas, Quintana y Torrejón.
SIGLO XIX Y XX
En la época de la ocupación francesa, más de ocho mil soldados de caballería e infantería permanecen acuartelados en el lugar. El Real Sitio sufre incendios y saqueos que lo reducen a una situación lamentable. En 1829 el edificio de la fábrica, que había servido como hospicio, es cedido, en ruinoso estado, para el establecimiento de una manufactura de tejidos de algodón y estampados con protección real. Así, en 1836, atendían la fábrica 633 personas, contando con una bomba de vapor y 450 telares. Entre los años 1842 y 1846 se renueva la huerta bajo la dirección de Fernando de Boutelou, plantándose 4.000 árboles frutales y reorganizándose calles y paseos.
El 12 de marzo de 1865 el Real Sitio es declarado en venta y pasa a formar parte de las posesiones reales que sufren el proceso desamortizador. El territorio de San Fernando de Henares es vendido en subasta pública a propietarios particulares y entra en el siglo XX como una población eminentemente agrícola y ganadera.
A partir de los años sesenta, uniéndose al proceso industrializador sufrido por nuestra nación, San Fernando se convierte en una entidad urbana enclavada en el cinturón industrial de Madrid, su población se multiplica, llegan inmigrantes del resto de las provincias españolas, principalmente de Cuenca, Guadalajara y Jaén, ensanchándose los límites del originario casco urbano. Las actividades agrícolas y ganaderas prácticamente desaparecen, dedicándose su población a la industria y al sector de los servicios. En la actualidad, San Fernando es una ciudad llena de posibilidades que mira con esperanza su futuro.
Reseña histórica obtenida de: "El Real Sitio de San Fernando, historia, arquitectura y urbanismo". Aurora Rabanal Yus, Madrid, 1983.
EL PALACIO DE ALDOVEA, UN HERMOSO LUGAR CON HISTORIA
El Palacio que actualmente existe en el Soto de Aldovea tiene sus inicios en un castillo bajo - medieval. El territorio del Soto de Aldovea pertenecía en aquella época al Arzobispado de Toledo.
El testimonio documental más antiguo procede de la época de Carlos V, donde se describe como una casa fuerte, cercada de su muralla y cuatro cubos en cada esquina, del mismo modo especifica que su uso era fundamentalmente para recreo más que como fortaleza.
A mediados del siglo XVIII, el castillo se transformó en un palacio por obra del arquitecto Virgilio Rabaglio. Posteriormente este palacio fue comprado por Godoy que, a su vez, lo vendió año y medio después, junto con el territorio del soto, al rey Carlos IV, el cual determinó su incorporación al Real Sido de San Fernando de Henares. En el año 1869 fue sometido a la desamortización civil, siendo subastado y pasando a ser propiedad de José Francisco de Pedroso, Marqués de San Carlos. Y más tarde desde principios de este siglo a Rodrigo Figueroa y Torres, Duque de Tovar, cuyos herederos lo poseen hoy en día.
LAS PUERTAS DEL REY Y DE LA REINA EN LA HUERTA DE LA VEGA SUS PIEDRAS PROCEDEN DEL CONVENTO DE LA ENCARNACIÓN
La construcción de estas puertas fue llevada a cabo dentro del gran proyecto de mejora de la Huerta de la Vega que diseñó Vicente Collantes al ser nombrado Administrador del Real Sitio de San Fernando en el año 1841. Este proyecto tenía una doble finalidad, mejorar la producción de la huerta y, a su vez, aumentar su belleza natural.
Una vez concluida la reforma de la huerta, inspeccionada por uno de los más relevantes expertos europeos en jardines de aquella época, Fernando Bouteleu, Director de Parques y Jardines de la Real Casa. Sólo quedaban por construir las puertas de acceso. El Administrador del Real Sitio decidió que fueran construidas en piedra, utilizando para sus cimientos y zócalos piedras de un antiguo molino de aceite.
Para hacer las jambas, Vicente Collantes, solicitó permiso a la Real Casa para retirar de la Corte piedras procedentes de unas puertas antiguas del Convento de la Encarnación, que había sido derribado en parte por las obras de ampliación de la Plaza de Oriente de Madrid. Las obras de cantería son ejecutadas por Jaime Lois, que también lleva a cabo la elaboración del pedestal de la estatua de Fernando VI, situada en la plaza del mismo nombre.
En último lugar, se colocaron las rejas de hierro forjado para cerrar la huerta al final del día, una vez concluidas las labores agrícolas. El maestro cerrajero Tomás López, fue el encargado de su diseño y elaboración. El proyecto de reforma de la Huerta de la Vega concluyó con éxito, pasando a ser un espacio natural muy rico y de gran belleza.